Vivimos en una época en la que pasamos gran parte del día sentados. Nuestro organismo, sin embargo, fue diseñado para moverse con frecuencia.
Aunque muchas personas sienten que están permanentemente ocupadas, la realidad es que nuestro cuerpo permanece inmóvil durante horas: trabajamos frente al computador, usamos el automóvil para desplazarnos y preferimos el ascensor antes que las escaleras.
En los últimos años ha cobrado fuerza el concepto de snacks de movimiento. La idea ha sido desarrollada por investigadores como Howard Hartley, Jonathan P. Little y especialmente Martin Gibala, quienes han demostrado que pequeñas dosis de actividad física distribuidas durante el día pueden aportar beneficios importantes para la salud.
La propuesta es sencilla: no esperar una hora para hacer ejercicio, sino incorporar breves momentos de movimiento a lo largo de la jornada. Dos o tres minutos pueden marcar una diferencia.
Algunas ideas son:
- Subir escaleras en lugar de usar el ascensor.
- Caminar a paso rápido durante unos minutos.
- Levantarse del escritorio cada hora.
- Realizar algunas sentadillas o elevar los talones.
- Movilizar cuello, hombros, espalda y caderas.
- Respirar profundamente mientras caminas unos metros.
Estas pequeñas pausas activan la circulación, movilizan las articulaciones, favorecen el metabolismo, disminuyen la rigidez muscular y ayudan a recuperar la energía y la concentración. Incluso pueden mejorar el estado de ánimo al interrumpir el piloto automático.
Desde la mirada del mindfulness, estos snacks de movimiento tienen un valor adicional: nos invitan a detenernos unos instantes y volver a habitar el cuerpo. No se trata solo de mover los músculos, sino de notar cómo respiramos, cómo apoyamos los pies en el suelo y cómo cambia nuestra energía después de unos
minutos de actividad.
No siempre necesitamos más tiempo para cuidar nuestra salud; muchas veces necesitamos más momentos de presencia y movimiento.