Qué observar para saber si la terapia está funcionando

Ana V. Morales
Es probable que más de alguna vez hayamos abandonado una terapia porque no teníamos claridad respecto a qué señales observar para saber si íbamos por el camino correcto.

Muchas veces esperamos cambios rápidos, evidentes y definitivos, sin considerar que los procesos terapéuticos suelen ser más profundos y graduales.

Con frecuencia llegamos a terapia cuando ya no damos más. No acudimos con un solo malestar, sino con una acumulación de emociones, síntomas y experiencias que se han ido entrelazando con el tiempo. En las primeras etapas suelen aparecer mejoras visibles: disminuye la ansiedad, el malestar más intenso cede, o ciertos síntomas se alivian. Eso es importante, pero es solo el comienzo.

Para qué sirve el Qué observar para saber si la terapia está funcionando
Vivimos en una sociedad marcada por la inmediatez, lo “exprés” y las soluciones rápidas. Por eso, cuando los cambios empiezan a ser más sutiles —internos, silenciosos— podemos desanimarnos, pensando que “ya no pasa nada”. Sin embargo, si miramos con mayor detención, es posible reconocer señales muy valiosas de transformación:

• Lo que antes ni siquiera era un tema —por ejemplo, no poner límites— hoy ya no es la norma en tu vida.

• Eres más capaz de reconocer, plantear y respetar tus propias necesidades.

• Identificas tus emociones y, en lugar de juzgarlas, comienzas a validarlas.

• Has dejado de hacer cosas solo por culpa o por miedo a decepcionar a otros.

• Tu locutor interno es más amable cuando te equivocas o cuando algo no resulta como esperabas.

• Te cuesta menos salir del piloto automático y estar presente en lo que haces.

• Puedes tomar distancia de pensamientos catastróficos, sin dejarte arrastrar por ellos.

• Sigues avanzando y haciendo cosas importantes para ti, incluso cuando el miedo está presente.

Y quizá uno de los signos más importantes: reconoces que esto es un proceso. Comprendes que el cambio profundo no ocurre de un momento a otro, sino que se construye paso a paso, con avances, pausas y aprendizajes.

La terapia no siempre se nota como un gran giro externo. Muchas veces se manifiesta como una forma distinta de habitarte, de relacionarte contigo y con el mundo. Y eso, aunque sea sutil, es profundamente transformador.