Contar con una carta de navegación, es sin duda una tremenda ayuda. No contar con ella, muchas veces implica dar palos de ciego.
Cuántas veces hemos sentido que perdemos el rumbo. Como especie, necesitamos dirección, y nuestro cerebro agradece tener un plan que seguir, algo que le dé sentido a nuestra vida.
Aquí es donde aparece el concepto de ikigai, un término de origen japonés que puede traducirse como
“razón de ser” o
“motivo para levantarse cada mañana”. En la cultura japonesa, no se trata de algo grandioso o lejano, sino de aquello que le da valor y significado a la vida cotidiana.
El ikigai se entiende como un punto de encuentro entre lo que amas, lo que haces bien, lo que el mundo necesita y aquello por lo que puedes ser recompensado.
Cuando logramos acercarnos a ese cruce, experimentamos mayor claridad, motivación y bienestar. Nuestra energía deja de dispersarse y comienza a enfocarse. Sentimos que lo que hacemos, por pequeño que parezca, tiene un para qué.
Es factible que este propósito mute o derechamente cambie. Pero sin duda, es necesario retomarlo. Debido a su importancia para nuestra vida el Dr. Edward Bach, años atrás dedicó parte de su trabajo,
para aportar en esta línea. Por esa razón incorpora esencias enfocadas en ayudarnos a encontrar un nuevo rumbo o sostener el que ya tenemos.
Vivir sin propósito no es un error, es una experiencia común. Pero vivir conectados con uno, aunque sea de forma parcial, puede transformar profundamente nuestra manera de estar en el mundo.
El ikigai no se encuentra de una vez y para siempre. Se explora, se ajusta y evoluciona con nosotros. Y quizás, el primer paso no es tener todas las respuestas, sino comenzar a hacerse las preguntas correctas. En esta búsqueda aparecen emociones o estados a veces difíciles de
gestionar como el miedo,
frustración y las indecisiones propias sobre qué camino seguir. Para todos estos posibles escenarios las Flores de Bach pueden ser tus aliadas en el caso de haber perdido el rumbo.