Cuando hablamos de ansiedad existen algunas alternativas que están al alcance de la mano, para poder manejarla mejor. Aquí veremos cómo hacerlo.
Muchas veces pensamos solo en factores emocionales o mentales. Sin embargo, la alimentación juega un rol clave en cómo nos sentimos a nivel físico y emocional. Existen alternativas sencillas, al alcance de la mano, que pueden ayudarnos a sobrellevar mejor la ansiedad, y otras que, sin darnos cuenta, pueden intensificarla.
A continuación, revisamos algunos alimentos y hábitos alimentarios que pueden aumentar los niveles de ansiedad:
1. Café
La cafeína estimula el sistema nervioso central. En personas sensibles, puede provocar palpitaciones, nerviosismo, inquietud y dificultades para dormir, síntomas muy similares a los de la ansiedad.
2. Bebidas “fantasía” o energéticas
Suelen contener altas dosis de azúcar, cafeína y otros estimulantes. Generan picos de energía seguidos de caídas bruscas, lo que puede aumentar la irritabilidad y la sensación de desborde.
3. Harinas blancas
Pan blanco, pastas y productos refinados elevan rápidamente el azúcar en sangre, generando luego descensos que se asocian a cansancio, ansiedad y mayor necesidad de comer.
4. Alcohol
Aunque inicialmente puede generar una sensación de relajación, el alcohol altera el sistema nervioso y el sueño, aumentando la ansiedad horas después o al día siguiente.
5. Dulces y galletas
El exceso de azúcar está vinculado a cambios bruscos de ánimo, mayor inflamación y una mayor activación del estrés corporal.
6. Edulcorantes
Algunos edulcorantes artificiales pueden alterar la microbiota intestinal, la cual está directamente relacionada con el bienestar emocional.
7. Comida instantánea
Suelen ser pobres en nutrientes y altas en sodio, lo que impacta negativamente en el equilibrio del organismo.
8. Comida frita
Difícil de digerir, genera inflamación y sensación de pesadez, afectando el bienestar general.
9. Hambre real y hambre emocional
No toda hambre es física. El hambre real aparece de forma gradual y se satisface al comer; el hambre emocional surge de manera repentina y suele estar ligada al estrés, la tristeza o el cansancio. Cuando comemos para calmar emociones, muchas veces elegimos alimentos que intensifican la ansiedad en lugar de aliviarla.
Tomar conciencia de lo que comemos y desde dónde comemos no busca la restricción, sino el autocuidado. Escuchar al cuerpo, respetar sus señales y elegir con mayor amabilidad puede ser un primer paso para relacionarnos mejor con la ansiedad y con nosotros mismos.